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COVID-19: ¿Destination Puerto Rico?

Por Danilo Trinidad Pérez Rivera

El autor es manejador de datos del Sistema Municipal de Investigación de Casos y Rastreo de Contactos (SMICRC) del Departamento de Salud de Puerto Rico.

Recientemente, los primeros datos del Sistema Municipal de Investigación de Casos y Rastreo de Contactos que forma parte de las estrategias para atajar la pandemia COVID-19 fueron publicados. En un momento donde se ha vuelto común hablar de un descenso en casos desde principios de agosto, la publicación de este informe y los numerosos brotes que se describen causa mucha inquietud y obliga a las personas a plantearse cuál será la realidad.

Sin embargo, esta discusión ignora el hecho de que a finales de julio se restringieron los accesos a pruebas moleculares por la alta demanda. Se ha tornado cada vez más difícil acceder a una. Esto causa que cualquier comparación entre agosto y julio, sea una inapropiada.

La comparación de número de casos vs brotes no es lo único que ha levantado la intriga de los puertorriqueños. Particularmente, ha capturado el interés de muchos que tan solo un 3% de los brotes identificados pudieron ser trazados a viajeros. Con este dato, algunos han concluido a la prisa que esto entonces sugiere que la vigilancia de aeropuertos es innecesaria, y podemos invitar nuevamente al mundo a gozar de nuestra bella isla.

Esto no es lo que significa ese dato. Para explicarlo me gustaría utilizar una analogía estadística. Supongamos que un analista obtiene datos de un fuego forestal, que demuestra la siguiente distribución de maderas que se lograron identificar fueron quemadas.

Como diestros en los números, rápidamente notamos que el “Aspen” tuvo de los porcientos más bajos en términos de distribución de madera quemada. Concluimos que entonces su contribución al fuego forestal fue mínima y preparamos un informe para reportar ese hallazgo. Sin embargo, al conversar con un guardabosques, rápidamente este informa que hay algo extraño en ese reporte, porque el bosque no incluía arboles “Aspen”.

Al corroborar qué pudo estar ocurriendo, se descubre que el “Aspen” es la madera que se utiliza para muchos fósforos. En efecto, aunque la madera del fósforo es muy poca, y tal vez no contribuya tanto en términos de materia a quemarse, nos vemos obligados a revisar nuestra conclusión. Aunque pequeño en volumen, no se podía descartar la importancia del “Aspen” en este fuego forestal, pues la evidencia ahora sugiere, que pudo haber sido incluso el principal causante.

Así mismo ocurre con los viajeros, especialmente en el contexto de una transmisión comunitaria que causa pérdida de visibilidad casi total del origen certero de las infecciones. Sin embargo, esta analogía entre viajeros y fósforos no se limita tan solo a su importancia como causa, sino también a la otra cara de la moneda: la solución. Los bomberos que trabajen un fuego forestal no pueden ir detrás del fósforo y pretender que con apagarlo esto resuelva el asunto cuando ya hay cuerdas ardiendo en llamas. Igualmente, un cierre de aeropuertos y otros puertos de entrada no representaría el final del COVID-19 en Puerto Rico.

Por lo tanto, no hay balas plateadas ni respuestas sencillas a los problemas que enfrenta Puerto Rico hoy. Ni el cierre de aeropuertos, ni la reducción en retrasos de reporte, ni el mismo Sistema de Rastreo de Contactos, puede singularmente controlar este asunto. Sin embargo, hay algo que está claro: Puerto Rico no está bien, y toda acción que podamos tomar para trazar una ruta certera por nuestra salud y seguridad, se tiene que tomar. No se puede ser tímido en estos próximos pasos.

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¿La (in)eficiencia del Rastreo de Contactos en Puerto Rico?

Por Danilo Trinidad Pérez Rivera

El autor es manejador de datos del Sistema Municipal de Investigación de Casos y Rastreo de Contactos (SMICRC) del Departamento de Salud de Puerto Rico.

El 1 de julio de 2020, el Sistema Municipal de Investigación de Casos y Rastreo de Contactos (SMICRC) comenzó formalmente luego de un mes de junio en el que si intentamos recordarlo ahora parecería de ensueño, pues todos los municipios se encomendaban a participar plenamente de este esfuerzo. El único problema: no todos estaban listos para arrancar. 

Con poco más de una docena de municipios y con un sistema a menos de la mitad de implementado, al SMICRC se le entregó un país listo para una apertura casi total. El 28 de junio se anunció una apertura escalonada, que tímidamente tuvo que ser revertida en sus fases finales por los peligros que suponían sus últimas acciones, tales qcomo la reapertura agresiva de nuestros puertos y el reinicio de múltiples actividades económicas.

Sin embargo, a dos meses de estos eventos, ¿por qué el COVID-19 continúa rampante en Puerto Rico? ¿Acaso los Sistemas de Rastreo de Contactos no han podido hacer su trabajo? Primero, es necesario que hablemos de que Puerto Rico no es un monolito. Aunque la unidad de propósito sin lugar a duda tiene que ser parte fundamental de nuestra respuesta, la realidad en los municipios no es homogénea. Particularmente, es necesario reconocer que, al igual que en el mundo financiero, es imprescindible invertir temprano en la salud pública para poder obtener el mayor beneficio. 

Aquellos municipios que iniciaron temprano: Guayanilla, Villalba, Añasco, entre otros, gozaron de incidencias de menos de 5 casos confirmados por 10,000 habitantes en las primeras tres semanas de agosto. Incluso, vimos cómo los municipios de Culebra y Las Marías ni siquiera registraron casos confirmados. Algunos alegarán que aún corregir por población utilizando incidencia, no es justa comparación utilizar estos pequeños municipios, pues no captura la complejidad de un sistema de Salud de un municipio con alta densidad poblacional. Sin embargo, incluso Ponce, con mucho más de  100 mil habitantes, logró mantener su incidencia por debajo de los 5 casos confirmados por 10,000 habitantes gracias a su implementación eficaz y veloz de un Sistema de Rastreo de Contactos.

La historia opuesta se refleja a la perfección en municipios con tardía implementación. Municipios grandes y pequeños, desde Morovis a San Juan, que se rehúsan a participar del Sistema Municipal de Investigación de Casos y Rastreo de Contactos, observan incidencias por encima de 5 veces de los municipios modelos que adoptaron prontamente su participación. Y es que siempre ha sido claro cuál es el escenario en el cual el rastreo de contactos es efectivo: prevención e intervención inmediata. Un país abierto con un crecimiento exponencial de casos encima no es, ni nunca ha sido, un escenario bajo el cual se ha prometido lograr retomar control con el uso exclusivo de un sistema de rastreo de contactos.

Sin embargo, no nos damos por vencidos. Las puertas continúan abiertas (mientras los fondos lo permitan) para que estos municipios puedan comenzar a invertir en la salud de sus ciudadanos. Cada cadena de transmisión que se corta representa un beneficio para todo el pueblo de Puerto Rico. Cada orientación que se realiza lleva información a una casa, a una familia, a una empresa, a una comunidad, donde su efecto multiplicador será incalculable. A eso apostamos.