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Capitalizando la sed de normalidad ante COVID-19

Por: Marieli Gonzalez Cotto, PhD
Bióloga Celular y Molecular | Comunicadora en Ciencias

Decir que estamos viviendo un tiempo sin precedentes es una subestimación. A casi seis meses de esta crisis, hemos aprendido mucho, pero al parecer, no lo suficiente para salir de ella. Pareciera ser que muchos de los sistemas necesarios para manejar esta emergencia están presentes, al alcance y listos para ser utilizados en dar la batalla contra COVID-19. No podemos decir lo mismo de la voluntad de nuestro gobierno de turno. 

El segundo trimestre de este año fue uno especialmente difícil gracias a la cuarentena. De seguro ninguna historia personal de tiempo en cuarentena es similar a las demás, pero una cosa es cierta: perdimos nuestra normalidad. Ante cualquier crisis el deseo natural del ser humano es llegar a ver el día en donde recuperemos nuestra normalidad. Tristemente, nuestro gobierno también le faltó la voluntad de transmitir a sus ciudadanos que, en definitiva, tendremos un nuevo normal. En su lugar escuchamos mensajes contradictorios, vagos y tibios. Como quien no quiere afrontar la realidad de un nuevo normal, como el que tiene algo que esconder y mucho que ganar.

El panorama actual es sumamente peligroso en términos de los “mensajes oficiales”. No cuesta mucho entender que la comunicación es un entorno complicado, la cual toma en cuenta lo que se dice, escribe, observa e infiere. Además, el proceso de comunicación se enmarca en consideraciones culturales, sociales y generacionales. Los “mensajes oficiales” han estado plagados de paños tibios y condescendientes. Una y otra vez, los mensajes de nuestros oficiales y gobernantes buscan capitalizar de nuestra sed de normalidad. 

Si bien es cierto que vivimos en una sociedad libre y democrática, declarar que cierta población tiene el “derecho” de disfrutar actividades sociales es superfluo. Ciertamente, esta expresión apela a la realidad que hemos vivido muchos, pero falla miserablemente en comunicar la realidad de que aún estamos en una crisis y que el nuevo normal se debe enmarcar en cambios a cómo hacíamos las cosas pre-pandemia. Por otro lado, la comunicación no verbal o el modelaje en tiempos de crisis es esencial. En momentos de incertidumbre y de cambios complejos, es innegable que todos buscamos a quién seguir. En este sentido, es esencial velar por que se haga lo mismo que le pedimos a los demás. Contrario lo que dicen algunos, la salvación no es individual. Tenemos que salvarnos como colectivo. Esta tarea no es fácil en una sociedad que valora el individualismo y lo aplaude como característica de desarrollo e innovación. Sin embargo, la salud pública es, eso mismo, pública. Protegernos nos compete a todas, todos y todes.

Los problemas de salud pública se encaran con datos, evidencia y honestidad. Si bien es cierto que el ciudadano debe asumir un rol activo en los esfuerzos de salud pública, un gobierno que no se comunica efectivamente y con la verdad entorpece esta tarea. No le podemos pedir a un árbol de chinas que nos dé mangó. De la misma manera, no podemos pedir resultados cuando las reglas de juego son oscuras y adaptables a la necesidad de unos pocos de capitalizar la sed de un pueblo a retomar su normalidad.